Tigres de cristal

Tigres de cristal

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Autor: Toni Hill
Título: Tigres de cristal
Extensión: 480 páginas
Edición: Grijalbo (2018) 

Tigres de cristal, la novela que nos ocupa y con la que Toni Hill ha tenido a bien obsequiarnos es, sin la menor duda, una de las mejores escritas en nuestro idioma que han visto la luz en los últimos tiempos.
He observado que se la anuncia como novela de intriga, thriller psicológico, y de algunas otras formas, todas ellas tendentes a etiquetarla dentro de un género más o menos establecido. Me atrevo a decir que tal pretensión es un error. La cosa no es así de fácil. No se puede, como se hace con muchas otras, del mismo autor incluso, establecer una clasificación de manera tan simple. No es justo. No lo es para el lector ni, mucho menos, para la propia novela.
Tigres de cristal no lo necesita; hay bastante con decir que es una novela.
Un drama si queremos advertir al lector distraído, no vaya a ser que se confunda e inicie su lectura creyendo hallarse ante una comedia. Aunque muy distraído tendría que ser ese supuesto lector porque para algo están las contraportadas y las solapas. Y ya que estamos, a modo de sinopsis, transcribo a continuación el texto de esa contraportada.

«Una absorbente historia de suspense psicológico que explora los límites entre la culpa y la expiación»

«Dos amigos del colegio se reencuentran más de treinta años después. Ambos tienen muchas cosas que contarse, pero también mucho que ocultar. Ninguno de los dos ha olvidado que esa cálida amistad infantil se truncó una noche de diciembre de 1978, cuando un crimen atroz alteró sus destinos. Ahora ha llegado el momento de asumir la verdad, pedir perdón y ajustar cuentas con un pasado que amenaza con romper de nuevo sus vidas. Y esta vez para siempre».

«Con una trama intensa y llena de secretos, Toni Hill nos transporta a un barrio mítico del cinturón rojo de Barcelona, tanto en los convulsos años setenta como en la actualidad, donde unos personajes profundamente humanos se ven atrapados en un conflicto marcado por la lealtad, el silencio y la venganza».
Toni Hill
Presentación de Tigres de cristal en la librería Laie de Barcelona

Como he dicho en los primeros párrafos de esta reseña, nos hallamos ante una novela que se muestra muy por encima de la media.
Es asombrosa la aparente facilidad con que el autor hace uso de recursos y materiales para explicarnos una historia compleja, muy compleja, y hacérnosla llegar sin que nos apercibamos de ello. No somos conscientes, hasta muy avanzada la acción, del proceloso mar en que los personajes nadan o, al menos, lo intentan. Para entonces, la trama ya nos ha atrapado si no es que nos ha convertido en cómplices, porque es inevitable que, durante la lectura, afloren recuerdos de nuestra propia infancia o adolescencia, de esos que todos tenemos y que preferiríamos no recordar.
Por supuesto, al menos en el caso de quien esto escribe, no son esos hechos que nos vienen a la mente de la magnitud ni la importancia de lo que plantea esta novela. No desvelo nada si digo que sobre Juampe y Víctor, los protagonistas, planea desde su infancia la sombra de un homicidio; involuntario, indeseado, recordado solo a trozos, pero homicidio en definitiva.
La astucia de Toni Hill consiste en la forma inusual que escoge para dar voz al narrador. Narrador escurridizo que a veces habla en primera persona y otras se convierte en omnisciente, provocando de esta manera una extraña inquietud en la mente del lector. Todo un alarde de técnica narrativa.
¡Y los personajes! Si la trama o, para ser más exacto, la tela densa y compacta que se teje entre esta y las diferentes subtramas, y que nos acaba envolviendo es de una solidez aplastante, los personajes se llevan la palma.
Todos ellos, no solo los protagonistas y principales, están construidos con esmerada maestría. Están vivos. Son humanos. Reaccionan ante los estímulos que la vida les va poniendo delante y eso les hace evolucionar, a veces para bien y otras no tanto, pero siempre avanzando y obedeciendo a ciertas lógicas.

Estuve en la presentación del libro que se llevó a cabo en la librería Laie de Barcelona y escuché al autor hablar del esfuerzo que le costó dar vida a Alena, Lara y a sus compañeros de clase en el instituto. Como padre y abuelo que soy, me dije al oírlo que, efectivamente, debía ser difícil meterse en la piel de un adolescente. Ahora, habíéndome comido los puños de rabia durante la lectura al ver reaccionar a Alena y a Iago, entiendo lo que quería decir aquella tarde. Desde el punto de vista del adulto, son casi incomprensibles dichas reacciones, pero es que los adolescentes son así.
Me resulta asombroso comprobar que hay alguien capaz de entender tan bien a los quinceañeros. Después me he fijado en un detalle que me había pasado desapercibido, se trata del texto de la solapa en el que la editorial presenta al autor. Reza así:

 

«TONI HILL (Barcelona, 1966) es licenciado en Psicología…»

 

Continúa diciendo más cosas del escritor, pero lo importante, al hilo de lo que estaba escribiendo, es ese «licenciado en psicología». Debió ser ahí, en esa facultad, durante esa carrera, que aprendió a analizar y entender la mente de los seres humanos y sus reacciones ante el mundo.
Por último, no querría acabar sin mencionar el escenario. Porque, a lo largo de los casi cuarenta años en que se desarrolla la historia, exceptuando unas pocas escenas, todo ocurre en el barrio de San Ildefonso (Ciudad Satélite en la década de los setenta).
El lugar, que apenas se diferencia de los muchos barrios marginales que nacen adosados a todas las grandes ciudades para dar acogida a la inmigración, y que con el tiempo acaban integrándose, absorbidos por la propia urbe que les da sombra, es tratado en la novela de forma poco convencional. Estamos acostumbrados, los lectores, a que se nos de, sin más, una descripción del lugar en el que ocurren los hechos para poder ubicarlos. En Tigres de cristal, además, el escenario principal participa casi como un personaje más de la novela. Está vivo. Forma parte de la trama y, como está de moda decir hoy, interactúa con el resto de participantes integrándose como uno más en el coro.

 

Para acabar la reseña, me queda por decir que la lectura de esta novela es sorprendentemente fácil. Quien, tras haber visto que el libro tiene cuatrocientas ochenta páginas, y después de haber leído los párrafos anteriores, se sienta perezoso a la hora de empezar a leerla comete un error; un grave error. Toni Hill escribe novelas, eso lo sabíamos ya por las anteriores, de esas en las que cuesta poner el marcapáginas para continuar más tarde o al día siguiente, pero en esta se supera. Casi nadie la leerá de un tirón porque sus cerca de quinientas páginas repletas de información, toda ella muy valiosa y trascendente (no hay paja de relleno), no son cosa que se pueda tragar de un solo bocado, pero dudo que a alguien le llegue a durar más allá de tres días. El ritmo, sempre accelerando, y ese crescendo que inicia Miriam por detrás, desde su inicial pianissimo e sotto voce hasta el fortissimo al que arrastra a toda la orquesta, percusión incluida, no permite sustraerse al deseo de llegar al final.

 

No puntuaré la obra, como hacen frecuentemente otras reseñas, porque soy de los que sostienen que nada en este mundo merece ni un diez ni un cero. Pero al mismo tiempo me parecería injusto ponerle «solo» un nueve.

 

Un consejo: quien no la tenga que vaya corriendo a comprar un ejemplar y la lea ¡ya!


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