Mr. Klark

Mr. Klark

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De nuevo un artículo en este blog. Parecía que se había muerto, ¿verdad? Pues no. Un poco agonizante sí que está el pobre, pero, de momento, esperaremos un poquitín más para cantarle un Requiem.
Crimen de papel no es una buena plataforma para propagar nada, qué duda cabe. No lo es porque el número de visitas que recibe es muy escaso y las interacciones, como se dice hoy, que se producen entre esos pocos visitantes y el sitio en sí son más menguadas todavía. Pero como es la única de que dispongo en la que poder escribir más de 280 caracteres seguidos y que no se pierda en un time line escurridizo, es la que uso para poner en vuestro conocimiento lo que sigue a continuación.
¿Conocéis a un tal John Klark? Es un tipo que, según reza en su perfil de Twitter, se autodefine como escritor de #novelanegra barata sin más pretensión que hacérselo pasar bien al lector (Después de barata, poned o no una coma, como queráis. Los dos significados que adquiere la frase, con o sin ella, son válidos).
¡Hacérselo pasar bien al lector! Eso es lo que querríamos todos ¿no? Pero es que el amigo John es un gran optimista.
¿Y a santo de qué me ha dado ahora por meterme con ese pobre sujeto?, os estaréis preguntando algunos. Os lo explico en tres palabras:

PORQUE SOY YO

¿Sorprendidos? Imagino que unos sí y otros no. Tres o cuatro de los que seguís alguna de las dos cuentas de Twitter, @crimendepapel y @jklark_writer, ya lo sabíais porque os lo había dicho. Al resto, cerca de seiscientos, quizá os haya sorprendido o quizá ya lo imaginabais.
Pero lo importante, y ese es el objeto de este artículo, explicarlo, es el motivo de esta maniobra. Os lo cuento.
Me encontré un día con el manuscrito de una novelita entre las manos que no me esperaba. Llegó a mí, más que haber ido yo a él, de una forma extraña. Lo escribí, sí. Naturalmente que lo escribí; no me lo encontré por la calle. Pero el proceso fue raro, por poco usual, y me asusté.

Se entenderá mi reacción si explico que pertenezco al grupo de los escritores jardinero, es decir, al de los que lo planificamos todo antes de empezar y trabajamos después con método y disciplina férrea. El susto me lo produjo el hecho de encontrarme el manuscrito entre las manos, como ya he dicho, once días después de haber empezado con él y haberlo hecho a la brava; un día me levanté, me puse frente al ordenador y, con el exiguo bagaje de una idea general en mi mente, empecé a teclear por el principio hasta llegar a poner la palabra FIN.
«Esto no puede ser bueno —me dije tan pronto acabé de escribir, sin hacer mayor reflexión ni concederle el favor de una relectura—. Me he divertido como un enano, pero de aquí no debo pasar».

 

Archivé el trabajo en un rincón oscuro del disco duro y me puse a hacer cosas más serias. Fue pasando el tiempo hasta que unos meses más tarde, cerca ya de Navidad y coincidiendo con una de las múltiples crisis de mi tormentosa relación con las RRSS , me volví a encontrar con la novelita. Esta vez sí la releí y, ¡oh, sorpresa!, no me pareció tan mala.
La conjunción de esas dos circunstancias —crisis de RRSS y redescubrimiento de la novela— me hizo pensar. Por un lado tenía la cuenta de @crimendepapel que no arrancaba; por otro, un manuscrito que, si bien me satisfacía en ciertos aspectos, me producía algún resquemor. Le empecé a dar vueltas al asunto hasta que perfilé un plan de acción.
«¿Y si lo juntas todo y te lanzas? —pensé—. Creas un seudónimo con el que publicar la novelita y le abres una cuenta en Twitter. En ella puedes hacer sin miedo todo lo que no te atreves en la de Jorge Aranjuez i Vilanova; total, si sale mal, la cierras y santas pascuas».

Así nació John Klark, expresamente para ser el autor de La casita verde y para sustentar un perfil en Twitter con el que experimentar.
El resultado, he de reconocerlo, ha dado la razón a los que me aconsejaban sobre la manera de gestionar la red social; @jklark_writer ha logrado en tres meses escasos lo que @crimendepapel en bastante más de un año. Así pues, doy por finalizado el experimento y, como no quiero acabar esquizofrénico perdido, también doy por finalizado mi periodo de doble personalidad.
En principio calculé la posibilidad de cargarme a John, pero, ¡mira como son las cosas!, le he cogido cariño. No lo liquidaré, pues, aunque su presencia en Twitter irá decayendo hasta desaparecer; la perspectiva de mantener dos cuentas en esa red por tiempo indefinido me da urticaria. Quizá, lo he de pensar, lo dotaré de una página en Facebook que es un lugar más tranquilo y, por supuesto, gozará de espacio propio en este blog.

Sin quererlo, he descubierto el placer de escribir historias más o menos tontorronas, plagadas de personajes un poco planos y lugares comunes y, sobre todo, de hacerlo sin someterme a ningún tipo de disciplina previa. No quiero renunciar a continuar con ello y, a partir de ahora, usaré el seudónimo John Klark cuando se dé el caso.
Tras lo dicho, hablando ahora como J. Klark, me dirijo a los que seguís mi cuenta de Twitter, @jklark_writer: Si decidís concederme el honor de continuar haciéndolo, cosa que os agradecería hasta más allá del infinito, pensad que me mudaré a la cuenta de Jorge Aranjuez i Vilanova@crimendepapel. No hace falta que corráis porque @jklark_writer continuará activa durante una buena temporada, pero un día u otro desaparecerá.
Todos los que me seguís como J. Klark y no sois al tiempo seguidores de Aranjuez i Vilanova recibiréis un MD cuando hayan transcurrido unos días desde la publicación de este artículo.
Cuando el tiempo que he venido dedicando a la cuenta de Klark en Twitter me quede libre, lo dedicaré a ordenar Facebook, a separar bien lo que es mi perfil personal de la fanpage y a crearle una al amigo John.
Pero eso ya será harina de otro costal.
Ninguno de vosotros merecéis que os mantenga en la mentira. Ahora sabéis que Jorge Aranjuez i Vilanova y John Klark son una misma persona. Espero no haber molestado a nadie con el experimento y veros a todos en y desde @crimendepapel.
Un fuerte abrazo a todos los que seguís cualquiera de las dos cuentas.


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