El escritor y las redes sociales

El escritor y las redes sociales

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Hablo del escritor porque es a lo que me dedico, pero cabe imaginar que lo mismo le ocurrirá a muchos otros colectivos. Me refiero a la circunstancia que se viene produciendo desde hace unos cuantos años y que obliga al profesional especializado en algo, escribir novelas por ejemplo, a ampliar su campo de actividades inmiscuyéndose muchas veces en terrenos que le son desconocidos o que, como poco, no domina.
¿Qué sabe un escritor, por serlo, del mundo de la publicidad? Nada. Quizá alguno sí sepa del tema, pero no por su condición de escritor. Sin embargo, ¿qué sería de cualquiera de nosotros si no tuviéramos presencia en las RRSS? Intentad imaginarlo. ¿Quién se enteraría de la publicación de nuestras obras? ¿Quién querría comprarlas?
A lo mencionado me refiero aunque, al hilo del tema, la cosa podría ser mucho más amplia. Doy por hecho, y no discuto, que la vida es como es y que, en este momento que nos toca vivir, o se amolda uno a las circunstancias o fenece. Por lo tanto, no me planteo prescindir de Facebook, de Twitter, de Instagram, etc. Lo que sí me planteo es la forma de usar dichos recursos.
Hace poco que he empezado con todo esto. En su momento, hace unos años, tuve un perfil en Facebook y otro en Twitter. Los creé (mentira, me los crearon) presionado por mis hijos que, como es natural, se encuentran mucho más puestos al día en estos temas que yo. El caso es que, a partir de su nacimiento, estuvieron aletargados, momificados casi, durante una larga temporada. Hablo de los perfiles, claro, no de mis hijos. Fue a raíz de la publicación de mi primera novela que me decidí a resucitarlos. Empecé con Twitter porque me pareció más simple y más directo. «En un plis-plas —me dije—, puedes llegar a miles de personas. Conseguir que se pasen por el blog. Enterarlos de que vas a publicar una novela, que se presentará en tal o cual fecha y en determinado sitio».
«¡Iluso!» —os estáis diciendo con media sonrisa en la boca. ¿A que sí?
Pues sí. Dos meses, aproximadamente, después de haberme puesto a la faena, cuento con poco más de ciento veinte seguidores.
¡Miseria! No por los seguidores en sí, que la mayoría son, sois, majísimos, sino por lo pírrico del número. Ciento veintiséis seguidores (acabo de mirar mi perfil) repartidos entre España y América Latina no suponen nada de cara a la presentación en España, Barcelona en concreto, de la novela de un desconocido. ¿A que no me equivoco? Y si se tiene en cuenta lo que me ha costado conseguirlos, el balance es desastroso.
El error que cometí, creo, fue el de escoger Twitter para lanzarme a las redes. Visto con la perspectiva de las pocas semanas que llevo en ello, me doy cuenta de que no es más simple, como me pareció en un principio, que Facebook o Instagram y que, a diferencia de las últimas dos citadas, pide más dedicación. Si en la red del pajarito no publicas entre seis y doce veces al día, no eres nadie. ¿Cuánto tiempo se lleva eso? Depende de qué publiques y cómo lo hagas. Si dices la primera tontería que se te pasa por la cabeza, será cosa de un minuto o menos y quizá consigas hacer sonreír a alguien la primera vez, pero como lo repitas habitualmente, seguro que te quedas sin seguidores en pocos días.
Existen programas o aplicaciones que te ayudan haciendo parte del trabajo, pero has de aprender a usarlos (eso también es tiempo) y a sacarles partido. Por otra parte, lo que no hacen ni van a hacer nunca es escribir el contenido de tus tuits. Se limitan a repetir, en intervalos programados, lo ya publicado. A mí eso… ¡Qué queréis que os diga!
En Facebook, por contra, he observado que hay cuentas muy vivas que no publican más allá de cuatro veces a la semana; entre cuatro y cinco creo que es el promedio aconsejado por los expertos. Instagram todavía no lo he explorado, pero me parece que tampoco es tan estresante como el «pío-pío». Así pues, a sabiendas de que para la presentación, que será en noviembre, llego tarde, voy a ir decantando mi actividad hacia el «cara-libro» y la red de las fotos. No quiero decir que vaya a abandonar Twitter. Seguiré dejándome ver por allí, pero con mucha menos frecuencia.
Lo dicho, eso sí, será cundo acabe, junto con la editorial, de dar los últimos toques a Crimen de alto standing, mi novela.

Y para acabar, como seguro que todos vosotros sabéis mucho más que yo de redesmarketing online, etc., os pido que dejéis vuestros consejos, que los tendréis, en los comentarios de esta entrada, un poco más abajo. Y ya sería el súmmum si lo difundierais en… ¡LAS REDES! Sí, sí. En Twitter también.

Un millón de gracias a todos los que estáis aquí ahora.

 

(La ilustración de cabecera está obtenida en Pixabay)


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