El blog de autor y las redes sociales

El blog de autor y las redes sociales

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El título de esta entrada quizá recuerde a alguien otra publicada con anterioridad que titulé El escritor en las RRSS. No es parecido solo el título sino también el contenido, dado que habla del mismo tema. Y es que ya por entonces, y desde hacía bastante tiempo, me venía dando vueltas por la cabeza algo que me incomodaba e inquietaba al mismo tiempo.
Cuando me metí en esto de escribir historias, no sabía que iba a llegar hasta aquí. Empecé casi jugando, me fui animando poco a poco y, sin darme cuenta, me vi en donde estoy ahora.
En un principio, cuando solo jugaba, no me planteé la publicación de lo que escribía, pero con el paso del tiempo y tras ver acabada mi primera novela, la idea afloró en mi mente y me puse a hurgar por Internet para ver las posibilidades. Lo hice con suma timidez, casi avergonzado. Me decía a mí mismo que no era nada serio, que solo se trataba de pasar el rato, pero que, de verdad, ya sabía que aquello era una tontería. Y la tontería creció, se robusteció y dejó de ser lo que era para convertirse en algo serio.
Llegó un momento en que tuve que plantearme las cosas. Desde que empecé a tontear con la idea de publicar hasta el momento en que escribo esto, he leído y consultado un montón de webs. Como resultado, me encuentro ahora con una cuenta en Twitter, un perfil y una página en Facebook, otro en Instagram y este blog.

En referencia a las RRSS, he de decir que lo he pasado francamente mal. Después de haberme empapado de cientos (quizá miles) de sabios y doctos consejos sobre cómo debía promocionar mis obras y a mí mismo y haber intentado aplicarlos sin éxito, llegué a preguntarme si no sería medio tonto o, quién sabe, quizá tonto del todo.
Se me llenó la cabeza de conceptos que me eran extraños y difíciles de asimilar. También se me llenó el ordenador de programas y aplicaciones útiles (imprescindibles según muchos de los sabios) para programar las publicaciones, seleccionar y curar (¡…!) los contenidos, etc

¡Ah! ¡Oh! Los contenidos… ¡Hasta aquí hemos llegado!
Resulta, siempre según los doctores en la materia, que no se puede hablar de cualquier cosa en las RRSS y, sobre todo, no se puede decir que quieres vender tu novela.

«¡Pero si es precisamente lo que pretendo! Me he metido en esto con ese fin».

¡Pues no!
Si quieres vender, ha de parecer que deseas otra cosa; que eres un tipo altruista hasta el punto de entregar todo tu tiempo y esfuerzo a fin de que el resto de la humanidad se instruya.  Has de llenar tu cuenta de tuits con «contenidos de valor» para tu audiencia. Y digo yo: A eso, ¿no se le ha llamado siempre mentir? ¿Por qué, si quiero vender algo, no puedo decirlo? ¿He de ir por el mundo disimulando a la caza de incautos?
Lo siento: yo no soy así.
Entiendo lo que los sabios, algunos que no todos, pretenden con sus consejos. No se trata de engañar a nadie sino de montar una campaña publicitaria en toda regla. Si les haces caso, tienes que dedicarte a realizar estudios de mercado, seleccionar tu nicho dentro de él, localizar tu posible audiencia, fraccionarla en función de su estatus social, cultural, económico, etc., seleccionar (¿curar?) los contenidos adecuados de entre los que circulan por la red, escribir los tuits de toda la semana, programar día y hora para la publicación de cada uno y sus posteriores retuiteos…
¡Uf!
Lo que te proponen es que asumas, tú solo, el trabajo promocional de todo un equipo editorial.

Además, claro, deberás continuar con la escritura de tu próxima novela, las lecturas de otros escritores, tu vida social íntima, la atención a la familia y todos los etcéteras que se te puedan ocurrir.
El único fallo que le encuentro a este sistema es que, en el lote, no va incluida la capa, las mallas azules y esos calzoncillos rojos tan bonitos que se colocan por encima de los pantalones. Porque, naturalmente, se da por hecho que uno es Supermán.
¡Ojo! Lo dicho es solo para medrar en Twitter; el resto de RRSS van aparte.

En resumidas cuentas: como quizá alguno de los que estáis leyendo esto ya os habéis percatado, he tomado la decisión de ir por libre. Últimamente no estoy haciendo demasiado caso a los sabios. Me muestro tal como soy y no disimulo que me gusta ser leído y que he llegado con la sana y, creo que muy respetable, intención de vender las novelas que vaya escribiendo y publicando.

Lo dicho no significa que renuncie o desprecie los beneficios paralelos (¡Beneficios colaterales!). Estoy absolutamente seguro de que, con el tiempo, alguna de las relaciones que vaya estableciendo en las RRSS acabará convirtiéndose en amistad. Estaré muy contento y, no tendría que hacer falta decirlo, el valor de tal situación superará en mucho al de cualquier venta.
Para ir resumiendo y acabar esta entrada que se está haciendo demasiado larga, diré que me tomo Twitter como «el bar de la esquina». Ese bar de asiduos que hay en todas partes de nuestra geografía, en el que se reúnen, a horas más o menos fijas, los amigotes del barrio y charlan de los que les gusta y les une mientras toman una cerveza y unas rabas. En cada lugar hay varios bares de ese tipo y es fácil diferenciarlos a primera vista por el ambiente que los caracteriza. En unos se habla de fútbol; en otros, de toros; y en algunos, de libros. Pues bien, yo entro en esos últimos, procuro convidar a una ronda y, si me invitan, participo con gusto. Charlo, me doy a conocer y dejo tarjetas.
Con Facebook, pasa algo parecido.

Y el blog. Ese tan traído y llevado blog de autor, no es otra cosa que la sala de casa en donde me complazco invitando a conocidos y amigos a pasar un rato en buena compañía, hablando de lo que nos interesa a todos.

Cabecera Crimen de papel

Nada más. Ya me he explayado. Tómese lo escrito a modo de declaración de principios.

Sí que me interesa vender mis novelas y no pienso disimularlo.

Si a alguien le apetece, ya sabe: puede pasarse por aquí o por cualquiera de las redes en las que participo. Y si quieres decir algo, no te prives, para eso están los comentarios. Justo debajo de estas líneas.

¡Un abrazo a todos!


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