Crimen imprevisto

Crimen imprevisto

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Autor: Ana Bolox
Título: Crimen imprevisto
Extensión: 182 páginas
Edición: Autopublicada en Amazon

 
 

De nuevo nos volvemos a encontrar con el inspector Crawford y Janne Starlingla Sra. Starling, envueltos, o enredados por mejor decir, en un caso de asesinato.
Lo primero, porque de bien nacido es ser agradecido, es ofrecer el debido reconocimiento a la autora, Ana Bolox, por esta nueva entrega de la serie.
Cumplido el protocolo, antes de dar mi opinión personal, transcribo el texto de la contraportada (en este caso, «descripción del producto» ya que la he leído en versión digital, editada en Amazon) a modo de resumen o descripción.

«Que las Diplomatic Ladies’ Society ofrezcan un té a las cinco y que la hora de visita en Rikers Island, una de las peores prisiones de los Estados Unidos, comience al mismo tiempo son dos circunstancias sin ninguna relación, salvo que Anne Starling ande de por medio.
Tras recibir la desesperada petición de ayuda que le envía Drew Peterson, un policía encarcelado por un crimen que dice no haber cometido, la disyuntiva entre acudir al té para damas o visitar en la cárcel a un hombre acusado de asesinato es del todo irrelevante para Anne, que no dudará en lanzarse a una nueva aventura detectivesca con el fin de demostrar la inocencia del policía.
Para su desgracia, o quizá porque al Universo le gusta jugar de vez en cuando con cartas marcadas, Crawford está convencido de la culpabilidad de Peterson, por lo que desafiará a Anne a una competición detectivesca que determinará quién de los dos tiene razón».

—¡Ajá! —Anne sonrió con malicia—, así que cree que hay algo turbio en este asunto y su fe en mí comienza a despertar.
—No. Lo siento, señora Starling, creo que Peterson lo tiene muy crudo, pero como de todas formas usted va a investigar, quiero asegurarme de que no se mete en ningún lío.
—Le encanta esa palabra.
—Le va como un guante, no lo negará.
—Y usted no podrá negar que suelo tener razón.
—Creo que en este caso se equivoca.
—¿Quiere apostar a que no? —Crawford entornó la mirada y Anne se preguntó qué estaría pensando. Creyó adivinarlo y le lanzó el guante—: Hagamos un trato. Si me equivoco, prometo no volver a meterme en ningún lío.

¿Quién resultará vencedor? La competición se ha abierto. Damas y caballeros, hagan sus apuestas.

Este es el tercer volumen de Las cosas y casos de la señora Starling. En él se observa y aprecia la evolución de la serie, tanto en lo relativo al planteamiento y resolución de la historia que se narra, como en el desarrollo y crecimiento de los personajes principales.
Estos, lejos de encasillarse en su cliché, cosa que hubiera sido muy fácil además de poco criticable, van ganando relieve gracias a los sutiles detalles con que los va adornando su creadora. Lo mismo pasa con las tramas, tanto con la principal como con las secundarias, que son movidas y alternadas a lo largo de la obra con suma habilidad.
El resultado es sorprendente porque consigue producir dos efectos que suelen ser opuestos y excluyentes el uno respecto del otro. Me explico:

Por una parte, al acabar la novela nos invade la placentera sensación que se tiene a la salida de un cine o un teatro tras haber visto una obra que nos ha entretenido y hecho pasar un buen rato sin calentarnos demasiado la cabeza. Eso está bien porque a todo el mundo le gusta pasarlo bien y relajarse de vez en cuando. Sin embargo, conforme va pasando el tiempo afloran nuevas sensaciones y te das cuenta de que los personajes siguen en tu cabeza. Van haciendo por su cuenta convirtiéndote en testigo involuntario de sus vidas que, más allá de la novela, continúan su curso. Tienen un pasado que justifica su presente. Las virtudes y defectos que muestran no son meros ardides que la autora les otorga para hacer correr la trama, no. La trama corre como lo hace porque los personajes son como son.

Cuando te apercibes, descartas la sensación de tono ligero que habías tenido al principio y empiezas a notar aquella otra de obra trascendente. Y es la conjunción de ambas sensaciones la que te deja ese sabor de boca especial que solo se consigue a través de la buena literatura.
No creo que haga falta decir más para que el lector de este humilde blog se anime a leer a Ana Bolox; esta obra que nos ocupa hoy en concreto y el resto que la preceden. Lo digo así, consciente de que esto debería ser lo que no es, es decir, la reseña de Crimen imprevisto y ha acabado siendo, no una reseña, sino una reflexión sobre la serie de la que es su tercera entrega.
Solo resta decir, para la novela en particular y la serie en general:

¡Chapó!


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