Asesinato en el laberinto

Asesinato en el laberinto

Comparte

Autor: J. J. Connington
Título original: Murder in the maze
Título en español: Asesinato en el laberinto
Extnsión: 264 páginas
Edición: Siruela

Alfred Walter Stewart, Científico de profesión, químico para ser más precisos, dedicó su existencia a la investigación y la docencia y, en sus ratos libres, escribió diecisiete novelas de misterio que publicó, bajo el seudónimo de J. J. Connington, entre los años 1923 y 1947. De entre ellas, hoy quiero hablar de Asesinato en el laberinto (Murder in the maze).
Traducida al español por Esther Cruz Santaella, nos llega de la mano de Ediciones Siruela luciendo una calidad bastante esmerada.
De nuevo nos hallamos ante lo que podríamos llamar una novela clásica de misterio o, si se prefiere, policíaca. La califico de clásica porque pertenece al muy numeroso grupo de obras de este género que los autores del Reino Unido, encabezados por la genial A. Christie, regalaron al mundo durante la primera mitad del pasado siglo XX y que marcaron un estilo y forma de hacer que las distingue del resto.
A continuación, transcribo el texto de la contraportada para que quien lea este artículo se pueda hacer una idea lo más precisa posible de lo que encontrará si decide leer la novela.

«La finca de Whistlefield es famosa no solo por su belleza, sino también por el laberinto vegetal que diseñaron sus primeros propietarios. El recorrido, delimitado por altos setos que se entrecruzan en caminos sin salida o que regresan al punto de partida, conduce a dos centros distintos en los que un cómodo banco recompensa a quienes logran alcanzar la meta. Y es allí donde, en una calurosa tarde de verano, aparecen los cuerpos sin vida de Roger Shandon (el dueño de la heredad) y de Neville (su hermano gemelo y conocido abogado), ambos asesinados con la misma arma: un dardo impregnado en curare. Dado que todos los miembros de la familia, los únicos capaces de orientarse en el laberinto, parecen tener una sólida coartada, serán necesarias una mirada aguda y una inquebrantable profesionalidad para averiguar quién ha cometido el extraño doble crimen. Cualidades que, inteligentemente disimuladas bajo una apariencia anodina, el jefe de policía Sir Clinton Driffield posee en extraordinaria medida».

En mi opinión, estamos ante una muy buena novela policíaca que cumple con las expectativas de todo lector aficionado al misterio. Si, además, dicho lector gusta en especial del estilo que caracteriza a la llamada golden age, ¡miel sobre hojuelas!
Como es obligado en las obras de este género, concurren en ella los elementos esenciales que lo caracterizan, es decir, el asesinato, el detective listo, su compañero simplón o, dicho de otra forma, su Watson particular y un nutrido elenco de personajes variopintos. Entre estos últimos, como no podría ser de otra manera, encontramos a “el chico” y a “la chica”, al desequilibrado, al empleado antipático, al vecino resentido, etc. Y para acabar de redondearlo bien, toda la acción transcurre en uno de los más tradicionales marcos: la campiña inglesa.

 
J. J. Connington

El autor, como ya se ha citado antes, era científico de profesión y, dicha condición, se deja ver en la forma metódica y estudiada de exponer los hechos y en el carácter que atribuye al personaje protagonista, el jefe de policía, dotándolo de un extraño sentido del humor y de una forma de comportarse harto peculiar. (Los que por motivos familiares, o de cualquier otra especie, convivan o hayan convivido con científicos sabrán a qué me refiero).
Lo dicho en el párrafo anterior, a mi juicio, es la causa de que, tras el planteamiento, se produzca un decaimiento del ritmo, quizá demasiado prolongado, hasta llegar al brioso desenlace; nada especialmente molesto ni mucho menos catalogable como defecto, pero digno de ser mencionado por si a alguien se le ocurriera la mala idea de abandonar la lectura antes de tiempo. Vale la pena llegar al final.
Un detalle curioso, que no sé si es achacable a la redacción del texto o a mí (imagino que será lo último), es que aun y estando escrita en tercera persona, he tenido una constante inclinación, a lo largo de casi toda la lectura, a interpretar la voz de la segunda en boca del Escudero, como cariñosamente llama Sir Clinton a su Watson particular.
En conclusión, acabaré diciendo que Asesinato en el laberinto es una novela de mucha calidad, altamente aconsejable para los aficionados al género y, en especial, para los amantes y nostálgicos de las intrigas cozy.  


Comparte

Deja un comentario